La segunda jornada de la Copa del Rey presenta un enfrentamiento que, a primera vista, parece desparejo, ya que el Atlético Baleares, un conjunto de cuarta división, recibe en su estadio al RCD Espanyol con la esperanza de repetir una hazaña y avanzar en el torneo. Este duelo confronta el deseo de triunfo con la experiencia.
El Atlético Baleares llega con un buen ánimo tras haber eliminado al Gimnàstic, un adversario de una categoría superior, lo que ha demostrado su capacidad de competir valientemente en casa. Además, en su liga ocupa posiciones destacadas, evidenciando un rendimiento sólido como local y un ritmo constante que alimenta un atisbo de esperanza. Sin embargo, la disparidad competitiva es significativa: enfrentarse a un equipo de la primera división conlleva un nivel de exigencia que el Baleares no ha demostrado de manera sostenida, y la intensidad del encuentro representará un gran desafío para su plantilla.
El Espanyol se presenta como el claro favorito a pesar de la preocupación que generó su desempeño en la primera ronda, donde logró una ajustada victoria de 1-2 sobre el Atlético Lleida, también de cuarta división. Este triunfo limitado genera ciertas interrogantes, pero el momento general del equipo es positivo: ha recuperado resultados favorables, ha conseguido dos victorias consecutivas en liga y comienza a demostrar consistencia. Aunque su rendimiento de visitante es variable, incluso con cambios en la alineación, mantiene un nivel notablemente superior al de su oponente. La exigencia del torneo y la profundidad de su plantilla deberían establecer diferencias marcadas.