Con el recuerdo aún fresco de sus eliminaciones en 2014 y 2016,

Con el recuerdo aún fresco de sus eliminaciones en 2014 y 2016, el equipo madrileño llega con la moral alta al choque de cuartos de final.

El Atlético de Madrid se siente seguro al saltar al campo gracias a su impecable historial en los enfrentamientos directos en la Copa de Europa. Lo que mejor saben hacer los rojiblancos es asumir el papel de desvalidos y luego aplastar las esperanzas de los catalanes aprovechando un momento de debilidad del rival, ya sea mental o física. El golazo de Diego Ribas en el Camp Nou y el evidente sentido del deber de Saúl Ñíguez son ejemplos de cómo el Atleti ha forjado su historia europea a costa de un Barça que, con o sin luces, siempre ha caído como un castillo de naipes ante un argentino.

Esta vez, el encuentro se disputa bajo la presión de la reciente eliminación del Atlético en la Copa del Rey, un hecho que pesa mucho sobre el equipo catalán. Los jugadores del Atlético saben que no necesitan la posesión del balón para ganar una eliminatoria, un principio que han aplicado durante años, con Koke como eje del juego y Griezmann como máximo goleador. Cuentan con la ventaja de jugar en casa y con esa chispa de magia que se necesita en las noches de Champions League en Madrid, y quieren demostrar que el dominio español en el continente pertenece al único campeón que sabe sufrir como nadie para llegar hasta allí.