No tengo una clara visión, pero voy a señalar la falta dentro del área.
Ayer presenciamos al Real Madrid mostrando un excelente dominio, siendo incisivo y demostrando gran energía, presionando constantemente la portería defendida por Oblak, quien tuvo una actuación destacada deteniendo todos los tiros posibles e imposibles. El Atlético de Madrid terminó con las manos vacías en el Bernabéu, ya que hubo un árbitro en el campo con uniforme amarillo y otro en la sala del VAR también vestido de amarillo, lo cual resulta un tanto ridículo al verlos con la misma vestimenta a pesar de estar a cierta distancia uno del otro. Soto Grado está en el impecable campo de juego del estadio más destacado mundialmente, mientras que De Burgos Bengoechea se encuentra en una sala sombría en un área remota de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas (estoy empezando a irritarme con ese apellido, jefe) ubicada antes que Las Matas y aún más antes que Los Peñascales, como bien saben los madrileños. Estaban listos para causar problemas y lo lograron. En el minuto 35 del partido, se señaló un penalti a favor del equipo de Canillejas que nadie vio, lo que obligó al Real Madrid a esforzarse aún más para igualar el marcador. A pesar de las adversidades y del favoritismo hacia los Simeone boys, el equipo logró empatar el encuentro como una pequeña victoria.
El Real Madrid, luego de expresar su descontento con las estructuras y el sistema arbitral y federativo español, se ve afectado por un arbitraje decepcionante de los árbitros de cámara de Clos Gómez, Medina Cantalejo y Enríquez Negreira, quienes parecen actuar por clientelismo. En otras palabras, del lugar en cuestión, como solemos referirnos muchos de nosotros. Fueron únicamente ellos quienes lograron el empate en el estadio del Real Madrid, llegaron al partido con la lección aprendida y con el objetivo de evitar que el equipo local ganara. Recientemente mencioné que el atraco iba a ser enorme. Fue así, amigos, realmente lo fue.
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